Capítulo 995
Rosana levantó la mirada y se encontró con Dionisio. No esperaba que él la encontrara allí.
Dionisio, con toda calma, se quitó la chaqueta del traje, ajustó su corbata y miró a su alrededor con una expresión de desprecio. Sus zapatos brillaban impecables mientras caminaba com elegancia entre los pandilleros. El aura intimidante de Dionisio fue suficiente para
amedrentarlos.
Cuando Dionisio llegó junto a Rosana, se volvió hacia el grupo de maleantes. Su mirada estaba cargada de burla.
-Para no perder el tiempo, vengan todos de una vez.
El líder de los pandilleros reaccionó al fin.
-¡Todos, atáquenlos! ¡Dejen a esta pareja destrozada!
Rosana vio a los tipos acercarse y se preparó para unirse a la pelea, pero Dionisio la detuvo con una frase.
-Espera, no te muevas.
Ella observó cómo Dionisio usaba su chaqueta como arma, y su figura quedó grabada en su mente. Rosana, sin dudarlo, agarró una silla rota y, con un grito, se lanzó al ataque.
No pasó mucho tiempo antes de que los pandilleros estuvieran tirados en el suelo. El líder, con la cara llena de moretones, suplicó.
-¡Ya no nos peguen, por favor! ¡Acabo de ponerme implantes y se me cayeron!
Rosana dejó caer la silla destrozada y se dirigió al pandillero.
-¿Quién los envió?
-Yo… solo vi que perseguías a uno de mis chicos y pensé que había robado algo, así que vine a ayudar.
Rosana se quedó un momento en blanco, buscando al hombre con sombrero, pero ya no estaba. ¿No eran del mismo grupo?
Dionisio miró a Rosana.
-Voy a mandar a alguien a buscarlo.
-No hace falta, ya lo encontré.
Tadeo apareció arrastrando al sujeto de la camisa gris, que ahora tenía más heridas en el rostro, evidentemente había pasado un mal rato.
Rosana sonrió al ver a Tadeo.
-Por suerte estás aquí.
15:09
Capitulo 995
-Claro, en lo que hago soy muy bueno.
Tadeo le lanzó una mirada a Dionisio y chasqueó la lengua. “Sigue aquí, ¿eh?“.
Rosana se volvió hacia el hombre de gris.
-Habla, o te las verás conmigo.
-Está bien, hablaré. Hoy, mientras jugaba en el cibercafé, un amigo del juego me mandó un mensaje. Me pidió que fuera a un centro de masajes a recoger algo de un casillero y que lo enviara. Me pagaría por el favor. No sabía que era robado.
Rosana soltó una risa sarcástica.
-¿No sabías que era robado? ¿Cuántas veces has robado antes?
El líder pandillero había mencionado que pensó que el tipo había robado, lo que significaba que no era la primera vez.
-Me ofrecieron tanto dinero que decidí intentarlo. Al final, solo soy un mandadero. No esperaba que justo cuando tomara el USB, ustedes aparecieran. Cuando escuché que había un abogado, supe que era un problema.
Dionisio intervino.
-¿Y la dirección?
-El tipo dijo que después de tomar el USB, lo contactara de nuevo en el juego para que me diera la dirección.
Rosana y Dionisio intercambiaron una mirada.
-Vamos al cibercafé, contactaremos a esa persona para conseguir la dirección.
Una vez que tuvieran la dirección, podrían saber quién estaba detrás del USB.
Tadeo, mirando al hombre de gris, advirtió.
-Si no cooperas, te aseguro que irás a prisión. Ya tienes antecedentes, así que te irá peor.
-Haré lo que digan, solo no llamen a la policía.
El grupo se dirigió al cibercafé cercano.
Rosana miró a Dionisio, cuya ropa elegante ahora estaba arruinada.
212

