Capítulo 973
Rosana escuchó cuando él dijo que no estaba de acuerdo, y apretó con fuerza el volante. Su corazón latió con un pequeño estremecimiento, sintiendo una mezcla amarga que inundaba su pecho.
Había reunido todo su valor para decir aquellas palabras, y esa barrera que aparentaba ser impenetrable, en realidad era frágil. Bajó la mirada, sin saber bien qué hacer.
Dionisio la observaba en silencio, pero las palabras se le atoraban en la garganta. No podía soportar verla en ese dilema.
Al final, Dionisio se contuvo y terminó por bajar del carro. Sabía que si no lo hacía, y volvía a insistir como la última vez, probablemente recibiría otro golpe.
En cuanto bajó, Rosana arrancó el carro sin siquiera detenerse. Dionisio suspiró, pensando en cómo antes ella jamás lo habría dejado a mitad de camino.
Sacó su celular y llamó a Óscar. -No voy a ir.
-¿Dónde están? Todos los estamos esperando.
-Ella fue a ver al Sr. Sabín para hablar de lo del caso.
Al escuchar mencionar al Sr. Sabín, Dionisio ya sabía a quién iría a ver.
Parado en la acera, de manera automática, sacó un cigarro del bolsillo del pantalón y lo encendió. Aunque casi no fumaba, solo lo hacía cuando se topaba con problemas que no podía resolver.
Había tenido una vida bastante fácil, pero precisamente con ella había tropezado.
Ahora, agobiado por la situación, buscaba en el cigarro una distracción, mientras las palabras de Rosana sobre la separación resonaban en su mente. Entrecerró sus ojos, y el rojo brillante del cigarro se destacaba en la oscuridad de la noche.
Óscar hizo una pausa antes de preguntar: -¿Y cómo les fue en el carro? ¿Pudieron hablar?
Dionisio dio otra calada antes de responder: -No muy bien.
Sabía que lo habían dejado. Aunque era algo que esperaba, aún mantenía una esperanza.
Óscar captó el tono de Dionisio y trató de consolarlo. -No te desanimes tan pronto, todavía hay mucho camino por recorrer. Aún tienes tiempo para esforzarte más, aunque esta vez no será tan fácil como la primera.
Dionisio guardó silencio, sintiendo el amargor en la boca.
-Piénsalo. ¿No fue Rosita quien te buscó antes? Ahora te toca a ti buscarla.
Dionisio apagó el cigarro. -Tienes razón.
En resumen, no se rendiría tan fácilmente.
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Capitulo 973
Un carro de lujo se detuvo en la acera, Dionisio subió de nuevo, y en ese instante su expresión derrotada desapareció, volviendo a ser el imponente y sereno Sr. Jurado.
Por otro lado, Rosana llegó al lugar acordado. Al entrar al comedor privado, vio a Tadeo sentado con un menú en mano, irradiando una elegancia natural.
Este tipo tenía un aire similar al de Dionisio.
Rosana tomó asiento, y él le pasó el menú. -¿Qué se te antoja?
Rosana echó un vistazo a lo que él había escogido. -Esto está bien.
-¿La señorita Lines siempre es tan despreocupada con la comida?
Entendió el trasfondo de esa pregunta y le respondió: -Tengo la cabeza en otro lado, por eso no pongo atención a la comida.
Tadeo asintió. -Lo entiendo.
Rosana lo miró fijamente. -¿Hay algo que quieras discutir?
-Primero comamos. Soy de los que disfrutan de una buena comida antes de hablar de
negocios. Al fin y al cabo, el mundo no se va a acabar.
Aunque Rosana estaba algo ansiosa, sabía que dependía de este abogado para el caso, así que decidió esperar hasta después de la comida.
Mientras comía, Rosana se sorprendió de lo sabroso que estaba todo.
Tadeo comentó: -¿Qué te parece?
Rosana sonrió. -Está delicioso.
-¿Cómo se compara con La Cúpula Dorada?
Los cubiertos de Rosana se detuvieron por un instante. -Cada lugar tiene su propio encanto.
-La Cúpula Dorada es un lugar para los que buscan status, apariencia y privacidad. Pero aquí, se trata de disfrutar la comida.
Rosana lo miró con curiosidad. -¿Este lugar es tuyo?
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