Capítulo 966
Amir le echó un vistazo al documento y luego se volvió hacía Rosana.
-Oye, ¿necesitas que te eche la mano en algo?
Rosana negó con la cabeza.
-Espero que este año ganemos el primer lugar en la competencia nacional.
Amir observó la figura de Rosana mientras se alejaba, apretando los puños en secreto. Estaba decidido a ganar ese primer lugar y entregarle el trofeo en persona. Al menos así podría estar un poco más cerca de ella.
Después de salir de la base del equipo, Rosana se dirigió directamente a su dormitorio. No se sentía muy bien y solo quería dormir un rato. Cuando dormía en su apartamento, se sentía sola, así que prefería regresar al dormitorio donde había más gente.
Durmió durante bastante tiempo hasta que el sonido del teléfono la despertó. Rosana alcanzó el teléfono.
-¿Hola, quién es?
-Rosana, soy el líder del equipo. Nuestro nuevo producto ha tenido buena recepción, pero también hay algunas quejas. Ya las hemos recopilado. ¿Cuándo podrías venir a verlas para que discutamos cómo mejorar?
-Lo sé.
Rosana colgó el teléfono y miró el techo del dormitorio, suspirando. Sentía como si hubiera dormido mucho, aunque en realidad no había pasado tanto tiempo.
-¿Ya despertaste? ¿Tienes hambre?
La voz de Sara llegó desde el otro lado. Rosana levantó la mirada y vio a Sara.
-¿Cuándo regresaste?
-Regresé después de clases. Te vi dormir tan bien que no quise despertarte.
Sara seguía un poco preocupada por Rosana.
-¿Estás bien después de anoche? Escuché que te pasaste de copas y tuviste un encontronazo en la entrada de la escuela.
En realidad, Sara sabía que Dionisio había llevado a Rosana. De lo contrario, ya habría ido a buscarla. Pero Sara sabía que Rosana no querría mencionar el nombre de Dionisio ahora, así que no lo hizo.
Rosana permaneció en silencio por un momento.
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Capitulo 966
-Me encontré con Dionisio, pero después regresé sola al apartamento.
-Qué bueno que estás bien. ¿Qué quieres comer al mediodía? Puedo pedir que nos traigan
algo.
-Con lo del comedor de la escuela en el segundo piso es suficiente.
Cualquier cosa menos de La Cúpula Dorada.
Rosana no quería comer nada de La Cúpula Dorada en este momento. Cada vez que lo hacía, no podía evitar pensar en esa persona. Estaba desesperada por olvidarlo, por borrar todas las huellas que había dejado a su alrededor.
Sara la miró.
-Ya no eres la capitana, pensé que ibas a dejarlo todo.
-Ahora soy la subcapitana. Cuando termine lo del juicio, planeo regresar. Antes de eso, no estoy en condiciones de ser la capitana. No quiero estar ahí solo ocupando el lugar.
Sara frunció el ceño.
-¿A quién se le ocurre usar esa comparación?
Rosana sonrió, aunque llevaba algo dentro.
Pensaba que el juicio era la última prueba en su vida. Pero no esperaba que el destino todavía le guardara una sorpresa. Parecía que no la dejaban vivir en paz. Rosana se sentía frustrada, pero cuanto más lo hacía, más quería mejorar su vida. Al final, quería lograr sus sueños, amistades y amores.
Esa tarde, Rosana se saltó las clases y fue directamente a la Empresa del Arce. Quería resolver todo cuanto antes. Al salir de la escuela, cuando se disponía a manejar, notó que un carro de lujo se acercaba y le bloqueaba el paso.
En ese momento, su mente se llenó de posibilidades. Las únicas personas que podrían venir a buscarla eran la familia Montes o la familia Jurado. ¿Quién sería?
Un hombre con pinta de mayordomo bajó del carro y se acercó con respeto.
-Srta. Lines, ¿podría robarle un momento?
Rosana lo miró.
-Lo siento, tengo cosas que hacer y no puedo perder el tiempo.
Lo rechazó sin rodeos. No importaba quién fuera, no iba a ir. No había nada que discutir. Pero entonces, la ventana del carro se bajó, revelando el rostro de quien estaba en el asiento trasero. El corazón de Rosana se puso en alerta de inmediato.

