Capítulo 964
Dionisio dijo con dificultad: “Ella realmente no sabía nada.”
-¿Y el no saber nada puede borrar todo? ¿El no saber puede devolverme a mis padres?
La furia se apoderó de ella en un instante, y soltó las palabras más hirientes.
Después de decirlo, Rosana sintió un ligero arrepentimiento.
-¿De verdad crees que a estas alturas voy a seguir creyendo en tus palabras? No tengo problema con que quieras defender a Flora, pero no me busques para eso.
Porque no pensaba perdonar.
En su vida anterior, estas personas lograron salirse con la suya. Nadie supo de la muerte de sus padres, y después ella también murió.
Mientras tanto, los verdaderos culpables siguieron viviendo bien.
Eso no era justo.
-Conductor, deténgase —dijo Rosana.
Pero el conductor no se atrevía a moverse, ni mucho menos a detenerse.
Rosana miró a Dionisio con enojo.
-Déjame ir.
-No puedo, no voy a dejarte ir.
Dionisio escuchó esas palabras y, casi por instinto, no quiso soltarla.
Durante estos días, había evitado ver a Rosana. Pensó que una vez que terminara el juicio, su relación cambiaría.
Pero al ver a Rosana con otro tipo, su racionalidad se desplomó y no pudo pensar en nada más. -¿Qué es lo que quieres? -le preguntó Rosana.
-No quiero romper.
Rosana se rio con amargura.
-¿Te das cuenta de lo que estás diciendo?
Dionisio la miró con ojos serenos.
-Estoy muy consciente.
Rosana apretó los dientes y le soltó un puñetazo a Dionisio.
Le pegó en la cara con todas sus fuerzas.
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Capitulo 964
En su enojo, no se contuvo para nada e incluso escuchó el sonido de un hueso quebrándose.
El carro de lujo se detuvo de pronto en la orilla.
Rosana aprovechó para bajar, mientras el grito del conductor resonaba en sus oídos:
-Joven, ¿está bien? Está sangrando.
Rosana se alejó sin voltear atrás, logrando tomar un taxi.
Mientras se sentaba en el carro, masajeó su mano. Le dolía mucho.
Pero el dolor no era nada comparado con lo que sentía por dentro.
Ese tipo se lo merecía.
Rosana no se arrepintió ni tantito.
Esa táctica se la había enseñado él mismo, para usarla contra los enemigos.
La había aprendido con dedicación, pero nunca pensó que él sería el primer blanco.
Qué irónico.
Rosana regresó a su apartamento. Al entrar, vio los zapatos que él había usado alguna vez.
En ese momento, todo el dolor que había contenido salió a flote.
Se agachó en el suelo y lloró un buen rato, hasta que se le secaron las lágrimas.
Finalmente, tiró esos zapatos a la basura.
Sus vidas, desde el principio, nunca debieron cruzarse.
Si no hubiera sido por el accidente de carro aquel día, sus padres seguirían vivos y nada de esto habría pasado.
Al día siguiente, Rosana se levantó a tiempo para ir a la escuela.
Miró la mesa del comedor por costumbre. Antes, siempre había un desayuno preparado por
Dionisio.
Ahora la mesa estaba vacía.
Rosana solo lo observó un momento, sintiendo un pequeño nudo en el estómago, pero en seguida se recompuso.
Saldría adelante.
Al llegar a la escuela, fue directo a la base del equipo. Aún quedaban algunos trámites por terminar.
Al llegar, se encontró con un viejo conocido: Joaquín, el gerente del Equipo Pelota.
-Hace mucho que no nos veíamos le dijo Joaquín.
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Capítulo 964
-Escuché que ya no eres la capitana, vine a ver si hay chance de convencerte para que te unas
a nosotros.
-Vamos a la oficina, hablemos ahí -dijo Rosana con una sonrisa.
De hecho, había algo que quería preguntarle a Joaquín.
Ya en la oficina, Rosana lo miró.
-Por ahora no pienso unirme a ningún equipo.
-¿Ah sí? Qué lástima.
-Hay algo que quiero preguntarte -dijo Rosana-. ¿Quién es realmente el maestro King?
Joaquín chasqueó la lengua.
-¿Me lo preguntas porque ya lo sospechas?
Rosana bajó la mirada.
-¿Es Dionisio, verdad?
-Sí.
Tras recibir la confirmación, Rosana se quedó en silencio un momento, sentada en la silla, con una mueca de tristeza.
Resulta que era él.
En su vida pasada, la persona de la que se había enamorado en secreto era él.
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