Capítulo 921
En ese momento, Dionisio se subió al carro con una expresión sería.
Marcó el número de Flora y esperó. Al otro lado, se escuchó como si alguien hubiera contestado, pero no se oía ninguna voz.
-Ya no te dejes engañar por las promesas vacías de la familia Montes–le dijo Dionisio después de un momento de silencio.
Flora se tapó la boca, llorando sin control. Apenas hacía un rato, había escuchado con sus propios oídos lo que su mejor amiga había dicho, y fue como si le cayera un rayo encima. Nunca se hubiera imaginado que su amiga de toda la vida realmente la estaba utilizando.
-Descansa un poco -añadió Dionisio tras una pausa-, voy a colgar.
Dionisio colgó y acto seguido llamó a Hilario Jurado.
-¿Dónde andas? -preguntó.
-Acá con unos cuates, cantando y echando relajo.
-Vete a casa, pero ya.
La voz de Dionisio no dejaba lugar a dudas; era una orden.
-¿Qué pasa, hermano? ¿Por qué tanta prisa? -Hilario no pudo evitar preguntar.
-Cuando llegues lo sabrás. No dejes que la familia Montes se acerque a tu mamá.
Al escuchar mencionar a la familia Montes, Hilario se puso serio.
-Voy para allá de inmediato, pero tienes que contarme qué está pasando.
-Primero vuelve, luego te cuento.
Dionisio colgó nuevamente y Hilario no perdió tiempo en regresar a casa.
Dionisio vio cómo el carro de la familia Montes se alejaba y pudo adivinar a quién irían a ver. La verdad suele ser dura, pero sabía que su madrastra era de corazón blando. Con Hilario allí, las cosas estarían bajo control.
Por fin, Dionisio se sintió un poco más tranquilo. Pero en cuanto a Leonor, le empezaba a doler
la cabeza.
¿Qué haría? Rosana lo sabría pronto. Observó la noche a través de la ventana; tan negra como sus propios pensamientos.
Después de colgar el teléfono, Flora estaba como si le hubieran dado un golpe brutal. Su amiga de toda la vida la había traicionado, y recién ahora se daba cuenta de que nunca había conocido realmente a esa persona.
¿Por qué la había engañado así? La sensación era como si le hubieran clavado un cuchillo en
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el corazón.
Al poco tiempo, el mayordomo se acercó.
-Señora, Miranda ha llegado.
-No la quiero ver.
El mayordomo se sorprendió por el rechazo de Flora, ya que antes nunca había habido problemas cuando Miranda venía de visita.
-Lo siento, señora. Pensé que era como siempre y no detuve a nadie. Me temo que ya está por llegar.
-No es tu culpa.
Flora esbozó una sonrisa amarga. Antes, su relación había sido tan buena. Había tratado a su amiga como a una hermana, poniéndola en un lugar especial en su corazón.
¿Y cómo terminó? La amiga se había convertido en una víbora, metiéndola en una trampa.
Durante años, Flora había sentido culpa por el accidente de la familia Lines. Y ahora, Miranda entró apresuradamente al salón.
Cuando vio a Flora, rompió a llorar.
-Todo lo que dije fue para sonsacarle información a Leonor. Tienes que creerme.
Flora miró a su amiga de toda la vida, con los ojos enrojecidos por el llanto. En ese momento, su corazón estaba lleno de contradicciones. No sabía cómo enfrentar a quien había sido su amiga durante tantos años.
Miranda lloró un buen rato, pero Flora no dijo nada, y el corazón de Miranda se hundió más.
-¿Me odias ahora? -preguntó Miranda con la voz temblorosa-. Nunca quise aprovecharme de Dionisio, solo se dio la oportunidad.
-¿Entonces aprovechaste la ocasión? -Flora replicó con incredulidad-. ¿Te das cuenta de lo que podría haber pasado si algo le hubiese sucedido a Dionisio?
Miranda dudó un instante.
-Me arrepentí después. Además, Dionisio solo es tu hijastro. Aún tienes un hijo propio, ¿no?
Flora miró a Miranda con asombro.
-¿Cómo puedes decir eso?
-Sé que no suena bien, pero es la verdad. Si Dionisio no está, tu hijo puede heredar todo de la familia Jurado. No es algo tan malo para ti, ¿o sí? Seguro que en el fondo pensaste que si algo le pasaba a Dionisio, sería mejor, ¿verdad?
-¡No es cierto!
Flora empujó a Miranda.

