Capítulo 900
La gente en la sala privada quedó pasmada al presenciar la escena, sin atreverse a decir palabra alguna,
Leonor, de espaldas al grupo, se sentía segura de su entrada triunfal. A causa de su embarazo, su cintura ya no era tan esbelta, así que mostraba sus largas piernas para captar la atención.
Pensando que había logrado impactar a los presentes, Leonor contoneó sus caderas al ingresar al salón.
Sin embargo, al levantar la vista y reconocer a los ocupantes, soltó un grito aterrador, como sí hubiera visto un fantasma.
-¡Ah!
Pálida del susto, Leonor se dio media vuelta, intentando huir, pero Javier ya bloqueaba la puerta.
Retrocedió unos pasos, consciente de que la habían encontrado.
Todo había terminado, la familia Lines no la perdonaría.
Rosana la miró con una sonrisa irónica.
-¿Ya no vas a bailar, LeoDiosa? Parecías disfrutarlo bastante.
-¡Rosana, no me vengas con hipocresías!
Tan asustada estaba Leonor que su voz había cambiado, jamás pensó que la encontrarían incluso escondida ahí.
-¿Tú todavía tienes cara para hablar?
Alonso le soltó una bofetada a Leonor sin contenerse.
-Tú no tienes vergüenza, pero la familia Lines sí.
Leonor, sentada en el suelo tras el golpe, soltó una carcajada amarga.
-¿Ustedes y su dignidad? ¡Si no tienen ninguna!
La furia de Alonso lo hizo temblar.
-¿Te atreves a repetirlo?
-¿Es que no es cierto?
Julio intervino, mirando a Leonor.
-Te criamos como a una reina en la familia Lines. Por ti, nos enfrentamos a nuestra propia
hermana. ¿Qué más quieres?
-¿Por mí? ¡Qué ridiculez!
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Capitulo 900
Leonor señaló a Alonso.
-Él me trajo a la familia Lines para mejorar su imagen. Ustedes, por egoístas e incapaces, dependían de Rosana pero no querían admitirlo. Siempre la oprimieron. ¿Eso es mi culpa?
Aún no satisfecha, Leonor prosiguió.
-Son ustedes los más egoístas de todos. ¡Siempre se colgaron la etiqueta de los buenos!
Julio le propinó otra bofetada.
Benito se acercó y la encaró.
-¿Estás embarazada y aun así escapaste? ¡Hasta te pusiste a trabajar en un club nocturno! ¿No tienes vergüenza?
-Claro que lo hice por dinero. Si dependiera de ti, estaría comiendo lo justo para no morirme de hambre. No tengo joyas, ni carros lujosos, ni nada.
Leonor le lanzó a Benito una mirada despectiva. Ya que la habían atrapado, no había razón para seguir aguantando.
Benito quedó atónito.
-Soy el hijo de la familia Lines. Si querías algo, solo tenías que decírmelo.
-¿Decírtelo a ti? ¡Si eres un bueno para nada!
Leonor lo miró con desprecio.
-Pensé que me darías una buena vida, pero resultaste ser un inútil. Si no fuera por mi propio beneficio, ¿quién se fijaría en un lisiado como tú?
-¡Te voy a matar!
Benito, al escuchar la cruda verdad, perdió la cabeza.
Descubrió que Leonor siempre lo había engañado, que nunca le había interesado en realidad.
Julio, al ver que la situación se salía de control, sujetó a Benito.
-¿Qué haces? ¡Ella está esperando un hijo tuyo!
-¡Bah! ¿Quién sabe si es mío?
El odio de Benito hacia Leonor era inmenso.
Leonor sonrió triunfante.
-Adivina, ¿será o no tu hijo? Si lo es, será tu único. Si lo pierdes, te quedarás sin herederos.
Benito, consumido por la ira, tenía los ojos inyectados en sangre.
Rosana notó que el vestido de Leonor estaba manchado de un rojo más oscuro y funció el ceño.
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-Dejen de golpearla. Está sangrando.
Rosana dijo esto y todos voltearon a ver.
Leonor, como si despertara de un sueño, bajó la mirada y efectivamente vio que tenía sangre en el muslo. Su vientre también empezaba a molestarle.
Su cara palideció de golpe y, señalando a la familia Lines, lanzó: -¡Fueron ustedes quienes mataron a este bebé! Ja, ja, ja, ¡ustedes lo hicieron y van a pagar por ello!
Julio, con el ceño fruncido, ordenó: -Llévenla al hospital.
La risa de Leonor era amarga, cargada de un dolor agudo, pero sus ojos reflejaban miedo.
¡Le aterraba la idea de ir a la cárcel!
Pensó que
al escapar, su papá iría a buscarla, pero se equivocó.
Ahora, Leonor finalmente creía en las palabras de Rosana: su papá ya había sido capturado.
Rosana observó cómo se llevaban a Leonor sin mover un solo músculo.
Alonso miró hacia Rosana y luego a Sara, que estaba junto a ella, y finalmente se alejó sin decir nada.
Rosana notó la sangre en el suelo y frunció el ceño: -Nos vamos.
Sara, con duda, preguntó: -¿Será que el bebé de Leonor podrá salvarse?
-Quién sabe.
A Rosana no le importaba mucho si el bebé de Leonor sobreviviría o no.
Ahora que había encontrado a Leonor, tenía pensado llevar al papá de Leonor a entregarse a la policía.
Pensando en esto, a Rosana le costaba mantener la calma.
Después de todo, todo su esfuerzo había sido para un día descubrir la verdad y llevar al culpable ante la justicia.
Sara, notando la tensión en Rosana, le tomó la mano: -No te preocupes tanto, hemos preparado todo. Los de la familia Montes pagarán por lo que hicieron.
-No importa lo que pase, no me rendiré.
Al salir del club, el grupo se dirigió directamente al departamento.
Aunque se habían quedado esperando en el club, nadie de la familia Lines tenía ganas de
comer nada.
Ya de regreso en el departamento, Rosana sintió un poco de hambre.
Miró a Sara: -¿Tienes hambre? Te vi que no comiste mucho.
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Sara asintió: -Ahora que lo dices, sí, me dio un poco de hambre. ¿Pedimos algo de comer?
Javier revisó la hora: -Si lo pedimos de La Cúpula Dorada, tardará un montón. Mejor cocinamos algo. Vi que en la cocina hay ingredientes, pero faltan verduras. Voy al súper de abajo a comprar algunas.
Sara no dijo nada al respecto.
Rosana, sonriendo, agradeció: -Gracias, Javier.
Él asintió y salió del departamento.
Rosana fue a la cocina y encendió la olla arrocera.
Sara se acercó y comentó: -La verdad es que él cocina muy bien.
Rosana, al terminar de preparar el arroz, miró a Sara con picardía: -¿Así que te ha cocinado antes? No sabía que Javier te trata tan bien.
Sara se sonrojó un poco: -No sé si lo hace porque le doy lástima, o porque al ser mayor que yo, me cuida como a una hermana.
Recordando cómo Óscar y Dionisio trataban a Sara, Rosana sospechó que Sara estaba equivocada.
Miró a Sara: -Por lo que he observado, él siente algo por ti. De lo contrario, siendo un mercenario tan habilidoso, ¿crees que vendría corriendo a protegerte solo porque le mandas un mensaje? ¿Y encima te cocinaría?
Sara lo sabía en el fondo, pero estaba confundida: -Es que no sé qué piensa él.
-No te compliques. Con el tiempo lo irás descubriendo.
Sara, dudosa, comentó: -Pero ya sabes cómo soy, la gente siempre tiene algo que decir sobre
mí.
-No dejes que sus comentarios te afecten. Eres increíble. Además, tienes tanto que incluso tu tía espera algo de ti. Si quisieras, podrías tener a. alguien a tus pies, hasta un galán tendría que
consentirte.
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