Capítulo 80
“Lo entiendo, después de todo, hoy en día hay tantas chicas materialistas que ocutar la identidad de uno puede ayudar a desarrollar un sentimiento genuino. Pero hermano, ¿acaso ella aún es menor de edad? Hermano, ¿te gusta una chica menor de edad?”
Dionisio, con un tono de voz impaciente, dijo: “No es ninguna de las dos cosas. No sigas haciendo preguntas y no hagas nada innecesario. ¿Entendido?”
Hilario se encogió un poco: “Está bien, ya entendí.”
¿Acaso se enojó tanto solo por hacer unas preguntas?
Después de dar todas estas indicaciones, Dionisio finalmente habló con un tono sombrío: “¿Estás pensando en invitarla a unirse al equipo?”
“Ah, sí, tengo pensado hacerlo. Pero más que nada quería fastidiar a Félix, ese tipo. No tiene talento, pero tiene una boca enorme. Escuché que no se lleva bien con su hermana, así que pensé en aprovecharme de la situación.”
“Espera a que termine sus exámenes para hacer eso. No hagas nada por ahora, ya que eso podría afectarla.”
Después de colgar el teléfono, Hilario de inmediato agregó a Rosana como amiga en el juego, queriendo descubrir cuál era la relación que había entre esta chica y su hermano.
Nunca había visto a una chica al lado de su hermano.
¡Y mucho menos había visto a su hermano ser tan bueno con una chica!
Pasó un mes en un abrir y cerrar de ojos.
Rosana, al ver el contador en la clase cambiar a 0, finalmente llegó el día que tanto había
esperado.
El error que cometió en su vida anterior, quería corregirlo desde este punto.
Después de la escuela, Rosana fue directamente a la enfermería.
Óscar la saludó con la mano: “Rosita, mañana tienes examen, ¿estás nerviosa?”
“No, de hecho, estoy un poco emocionada.”
Rosana miró a Dionisio, quien estaba sentado en una silla, llevaba puesta una bata blanca, luciendo distante pero tranquilo.
Pero ella sabía que Dionisio era una buena persona.
Ellos se miraron fijamente.
Dionisio, al ver la expectativa en sus ojos, entendió cuales eran sus intenciones.
Con voz serena, dijo: “Échale ganas.”
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Capitulo 80
“Lo haré.”
Rosana sonrió: “Entonces me voy. Adiós.”
Ella estaba allí especialmente para escuchar esas dos palabras de él.
Después de todo, aparte de Dionisio, probablemente nadie más le desearía suerte de forma tan. honesta.
Después de que Rosana se marchara, Óscar comentó: “Una aprendiz tan dulce e inteligente, me hace querer tener una.”
Dionisio no respondió, simplemente cerró los ojos para descansar.
“Dionisio, después de su examen, ¿deberías volver? ¿Puedes cuidarla toda la vida?”
Dionisio abrió lentamente los ojos, mostrando una mirada profunda e insondable.
¿Toda la vida?
Eso era algo que no había considerado; simplemente hacía todo lo que le apetecía.
Los exámenes finales habían comenzado.
Rosana durmió bien la noche anterior y se despertó sintiéndose con mucha energía.
Al llegar al comedor para desayunar, la cocina había preparado sopa de fideos de la suerte, buscando un buen presagio.
Sin embargo, Leonor lucía débil y tosía, como si aún no se hubiera recuperado completamente de su resfriado.
Julio estaba preocupado por Leonor: “¿Te encuentras bien? ¿Cómo es posible que aún no te hayas recuperado después de un mes?”
El mayordomo defendió a Leonor de inmediato: “Todo es porque se mojó bajo la lluvia y terminó con un resfriado grave.”
Rosana escuchó esto y decidió ignorarlo.
¡No era asunto suyo!
Leonor intentó suavizar la situación: “Julio, es solo que no me encuentro bien de salud y, por desgracia, me resfrié bajo la lluvia. Es culpa mía por no ser más fuerte.”
“Leonor, no pienses de esa manera. Hazlo de la mejor manera que puedas; no te presiones tanto.”
Rosana continuó comiendo en silencio, sin prestar atención a los demás. Se había preparado durante mucho tiempo y finalmente estaba lista para enfrentarse a ese desafío.
No dejaría que nada ni nadie perturbara su estado de ánimo.
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Capitulo 80
Julio las llevó personalmente a la escuela para los exámenes.
En el camino, comenzó a llover intensamente, refrescando el aire, pero causando mucho tráfico.
Leonor, con una expresión enfermiza, dijo: “Rosana, te deseo éxito en tus exámenes.”
Rosana giró la cabeza para mirar por la ventana, sin responder.
Leonor se mordió el labio, sintiéndose herida. Miró discretamente hacia el asiento del copiloto, pero Julio no dijo nada.
Si hubiera sido el mismo de antes, él definitivamente habría reprendido a Rosana.
¡Después de un mes de esfuerzo, nada había cambiado!
Cuando llegaron a la escuela, nada más bajar del auto, los útiles escolares de Rosana se cayeron al suelo.
Al agacharse para recogerlos, de repente se dio cuenta de que había algo mal con los útiles: jeran de baja calidad!
Por un momento, Rosana se sintió algo confundida, ¿cómo podía estar pasando esto?
Elevó la mirada hacia Leonor; aparte de ella, nadie más podría haber hecho algo parecido.
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