Capítulo 1012
“El médico recomendó operar lo antes posible. Si seguimos posponiéndolo, no sabemos qué consecuencias podría haber. Todavía no hemos podido identificar la causa exacta de su enfermedad, así que esto es lo que tenemos que hacer por ahora.”
Dionisio escuchó lo que Rosana decía y sintió que algo no cuadraba. -¿Qué es lo que realmente quieres decir?
-Nada en particular. Seguro viste a Román hace un rato. Es realmente bueno en estas cosas. Tal vez si él ve a la señora Jurado, podría encontrar el problema.
Dionisio frunció el ceño automáticamente. -Por ahora no es necesario. Ya contacté al mejor equipo disponible.
-Está bien, espero que el tratamiento de la señora Jurado vaya bien.
Ya que Dionisio lo había dejado claro, Rosana no insistió más.
Dionisio la miraba fijamente, con una ligera inquietud en su voz. -Gracias.
No esperaba que Rosana se acercara a él por la enfermedad de su madre.
Rosana evitaba su mirada. -No hay de qué, después de todo, tú también me has ayudado mucho.
-Pero tú siempre has tenido tus diferencias con la familia Lines. No quiero que debas favores que te obliguen a hacer cosas que no deseas por mi culpa.
Escuchar eso hizo que las emociones de Rosana se agitaran, sintiendo un calor en los ojos que no pudo evitar.
Se giró ligeramente. -Lo sé.
Dionisio la observaba, deseando tomarla de la mano, pero al final solo lo pensó y no se atrevió a hacerlo.
Después de todo lo que había pasado, Rosana apenas comenzaba a cambiar su actitud hacia él, y no podía apresurarse.
Tragó saliva y habló lentamente. -Déjame llevarte de regreso a la escuela.
-No es necesario, tomaré un taxi.
Rosana se acercó al borde de la acera, justo cuando el carro de Tadeo se detuvo frente a ella. Se sorprendió al verlo ahí, ¿acaso no se había ido?
Tadeo bajó la ventana y la miró. -Súbete, te llevo. Además, tenemos algunos casos que discutir en el camino.
Rosana asintió y subió al carro.
Dionisio se quedó en la acera, mirando cómo Rosana se iba con otro tipo, sin poder hacer nada.
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Capitulo 1012
Se ajustó el cuello de la camisa, sintiendo una frustración que no había experimentado en toda
su vida.
-Muy bien, Tadeo, has logrado que te recuerde una vez más–murmuró.
Dentro del carro, Rosana miraba el reflejo de Dionisio desapareciendo en la distancia.
Tadeo parecía de buen humor y le preguntó: -¿Qué planeas hacer con la familia Páez? No me digas que vas a pedirle ayuda a Dionisio.
-No lo haré. Buscaré la manera por mi cuenta.
-Puedo hablar con la familia Páez por ti.
Rosana lo miró. -No es necesario.
-¿Por qué no?
Rosana mantuvo su mirada tranquila. -No quiero que te veas involucrado por esto.
Tadeo rio suavemente. -Soy tu abogado, es mi trabajo hacer estas cosas.
-Pero…
-No hay peros, Rosana. Si cobro por mi trabajo, al menos debo resolver estas situaciones.
Rosana replicó: -¿Cómo piensas hablar con la familia Páez?
-Tengo mis métodos.
Tadeo aún no tenía un plan claro, pero sabía que debía actuar. No podía permitir que Dionisio se le adelantara.
Una vez que Rosana regresó a la escuela, Tadeo se fue y llamó por teléfono. -Oye, ayúdame a averiguar dónde estará Tomás Páez esta noche.
Como abogado de Rosana, no podía quedarse de brazos cruzados.
Con la información en mano, Tadeo condujo hasta el lugar indicado: el centro de baños “La Imperial“.
Este sitio era mucho más lujoso que el anterior donde había estado.
Tadeo conocía bien el lugar. Era el territorio de Tomás, quien solía frecuentarlo.
Al llegar, Tadeo se encontró con alguien familiar.
Dionisio estaba en el vestíbulo del ascensor, acompañado por un secretario.
Los dos hombres se encontraron en la entrada del ascensor, y la atmósfera no podía ser más
tensa.

