Capítulo 1000
-¿Cómo que no importa? -preguntó Rosana, algo incrédula.
Desde el otro lado de la línea, Alonso intentó persuadirla-: Rosana, Román ha estado fuera tantos años. Ahora ha dejado tantos proyectos de investigación para volver. No puedes dejarlo así. Además, muchos de los grandes magnates están interesados en sus investigaciones, y eso podría beneficiarte también.
-Yo no lo necesito -respondió Rosana, ya decidida a colgar el teléfono.
Justo en ese momento, Julio intervino: -Tú no lo necesitas, pero ¿acaso la familia Jurado no lo necesitaría? La familia Montes está usando la enfermedad de Flora para presionarlos. Si Román tuviera una solución, todo se resolvería fácilmente.
Rosana se quedó en silencio, reflexionando, antes de colgar el teléfono abruptamente.
Se quedó perdida en sus pensamientos. Román era un médico muy destacado en su vida pasada, y su laboratorio había desarrollado muchos medicamentos, incluso había encontrado tratamientos efectivos para varios tipos de cáncer.
Si Román pudiera tratar a Flora, tal vez podría encontrar una solución diferente. Después de todo, un trasplante de riñón no era lo ideal para su cuerpo; sería mejor si hubiera un tratamiento alternativo.
Pensó en Dionisio, recordando cómo lo había visto herido al costado de la carretera. Su corazón se ablandó. Él había hecho tanto por ella, y ahora era su turno de hacer algo por él.
Rosana sacó su celular y envió un mensaje a Julio: [Esta noche regreso a casa a cenar.]
En segundos, Julio respondió: [Claro, ¿qué quieres que te preparen en la cocina?]
[Cualquier cosa está bien.]
A pesar de la conversación, su mente seguía ocupada con la enfermedad de Flora.
Más tarde, Rosana manejó de regreso a la villa de la familia Lines. Al llegar, notó que la casa estaba llena de luces, tanto en el salón como en el jardín, como si se celebrara alguna festividad. En otras ocasiones, la casa siempre parecía vacía y fría.
Bajó del carro y entró al salón, donde el sonido de risas llenaba el aire. Leonor, con un vientre prominente, conversaba animadamente con los demás, todos sonriendo, creando una atmósfera cálida y acogedora.
Al ver la escena desde la puerta, Rosana recordó vidas pasadas. Leonor siempre parecía más una hermana de sus hermanos que ella misma, quien se sentía como una extraña.
Con una chispa de ironía en la mirada, observó la escena. El nuevo mayordomo se acercó a ella con respeto: -La señorita ha regresado.
Todos en el salón, que estaban cómodamente sentados en los sofás, volvieron la cabeza hacia ella. La calidez se esfumó como si un viento helado hubiera irrumpido, dejando a los hermanos
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Lines incómodos.
Rosana esbozó una ligera sonrisa y avanzó hacia el interior.
Julio se levantó: -Rosana, ¡qué bueno que llegaste! Te estábamos esperando.
Ella lo miró un instante, sin decir nada, y siguió caminando.
Leonor, con su pancita de embarazo, se acercó con una voz suave: -Rosana, la cocina preparó tus platillos favoritos. Román también te trajo un regalo.
Sin prestar atención a Leonor, Rosana se dirigió hacia las fotos de sus padres, encendiendo tres varitas de incienso ante ellas.
El ambiente se tornó tenso.
Rosana miró a Leonor: -¿Hoy te has vestido de luto y pedido perdón a mis padres?
El rostro de Leonor se tornó pálido. Incrédula, lanzó una mirada de súplica a Román: -Yo, yo estuve ocupada ayudando a preparar la bienvenida para Román y no tuve tiempo.
En ese momento, Román se levantó. Era alto y delgado, con rasgos melancólicos y una piel extremadamente pálida, como si nunca viera el sol. Se acercó a Rosana, observándola con una mirada que parecía contener un dejo de ternura.
Rosana levantó la vista, sorprendida de ver esa calidez en sus ojos.
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