Capítulo 996
-¿Estás bien? -preguntó ella.
Dionisio fijó su mirada en ella, sorprendido de que le hiciera esa pregunta.
-No te equivoques, solo preguntaba por preguntar -dijo Rosana, sintiéndose incómoda y volteando la cabeza.
Dionisio esbozó una ligera sonrisa y, de manera instintiva, cubrió su brazo herido mientras le decía en voz baja: -No pasa nada.
El susurro de Dionisio llegó a los oídos de Rosana, quien, aunque se sintió aliviada, no levantó la mirada para verlo.
Tadeo, que tenía sujetado al sujeto de la camisa gris, escuchó todo y no pudo evitar soltar un bufido de desagrado, aunque no estaba claro hacia quién iba dirigido.
Poco después, llegaron a un cibercafé.
Sin embargo, al conectarse, el tipo notó que la otra persona nunca apareció en línea, y tampoco respondió los mensajes.
Rosana echó un vistazo a la cuenta del juego, era una cuenta nueva.
-Tengo un mal presentimiento, creo que esa persona no volverá a conectarse -dijo Rosana, frunciendo el ceño.
Después de todo, el alboroto que se armó afuera del spa fue demasiado grande; cualquiera con dos dedos de frente se daría cuenta de que había problemas, y no se conectaría solo para entregar su ubicación.
-Piensa en positivo, al menos el USB sigue con nosotros -intervino Dionisio.
-Es cierto, eso al menos es una buena noticia -asintió Rosana.
Tadeo resopló: -También podemos deducir que lo que contiene este USB es realmente importante. Parece que Maurino no nos mintió.
Rosana los miró a ambos: -Bueno, vámonos.
Tadeo, sin embargo, le dio una palmadita al tipo de la camisa gris: -¿Y qué hacemos con él?
Rosana notó que el muchacho era bastante joven, apenas mayor de edad. Sacó un sobre de papel manila, aunque un poco más delgado.
Le entregó el dinero: -Si esa persona te contacta de nuevo, llama a este número para avisarme.
-¿Para qué darle dinero? Si no coopera, lo dejamos en la cárcel a que se pudra -comentó Tadeo con desdén.
El joven miró a Rosana con incredulidad.
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-Y además, no vuelvas a robar–le advirtió Rosana antes de salir del cibercafé.
Afuera, Rosana miró el USB en su mano: -Tenemos que ver qué contiene.
-Tengo una computadora en el carro. Podemos ver el contenido ahora mismo y hacer una copia del video para que nadie lo altere -propuso Tadeo.
Asintiendo, Rosana se preparó para seguir a Tadeo.
-Gracias por tu ayuda le dijo a Dionisio antes de irse.
-Mejor mantente alejado, Sr. Jurado. La evidencia es crucial, no deberías acercarte -le advirtić Tadeo, mirando a Dionisio con desconfianza.
Dionisio apretó los dientes, cada vez más molesto con Tadeo.
“¿Por qué le dejé a este cuate el caso de Rosana? Qué arrepentido estoy“, pensó.
Rosana, ansiosa por descubrir el contenido del USB, no prestó atención a la tensión entre ellos. Subió al carro con Tadeo, mientras Dionisio permanecía en la acera.
Desde no muy lejos, un carro observaba todo en silencio.
-Ahora el USB lo tiene la desgraciada de Rosana, ¿qué hacemos? Tus contactos no sirvieron de nada -dijo Keira, nerviosa, mirando hacia afuera.
Un hombre de mediana edad a su lado, con un brazo sobre los hombros de Keira, respondió con calma: -Con solo una palabra tuya, puedo enviar a alguien a recuperar ese USB.
-¡Pues hazlo ya! Si lo abren, seguro hacen una copia -dijo Keira, impaciente, aunque en el siguiente instante, la mano del hombre se deslizó hacia su pecho, insinuante: -Pero ya hice la mitad del trabajo y ni siquiera he tocado un dedo tuyo. ¿Me das una probadita?
Keira resistió sin moverse mientras las manos grasientas del hombre empezaban a explorar bajo su ropa…
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