Capítulo 956
-La verdad es que no es adecuado -dijo Rosana mirando a Sara. ¿Conoces a algún abogado
bueno?
-Lo averiguo, pero fuera de Jorge, es difícil encontrar a alguien tan capacitado y disponible como él.
-Lo sé, haz lo que puedas. El dinero no es problema.
Rosana simplemente no podía confiar en la familia Lines para encontrar un abogado, Temía que terminaran vendidos a la familia Montes, y ella no se fiaba de eso,
En ese momento, Javier salió con dos tazones grandes de té de jengibre.
-Vengan a tomar.
Rosana casi se pone a llorar de lo picante que estaba al primer sorbo.
-¿No tiene un poquito de azúcar? -preguntó.
-No hay en casa -respondió Javier con calma.
Sara también probó un poco y arrugó la cara.
-Sabe horrible.
Javier las miró un momento.
-Voy a comprar.
En cuanto Javier salió, Rosana no pudo evitar reír.
-Yo digo que sabe mal y él dice que no hay azúcar. Pero basta con que tú digas que sabe feo, y ya va a comprar. Ni hablar, hay diferencias entre las personas.
Sara se sonrojó.
-Pues tú también deberías encontrar a alguien que te trate así de bien.
Rosana hizo una pausa.
-En cuanto tenga tiempo, seguro que encontraré a alguien que me trate bien.
Sara se dio cuenta de que había metido la pata.
-Al fin y al cabo, no es tan difícil encontrar un buen tipo, ¿verdad?
Rosana asintió y se tomó el té de un trago.
-Me voy al cuarto. No saldré antes del amanecer, así que no se preocupen por mí.
Sara la vio irse y pensó: “¿No le supo feo?“. Se lo bebió de una sola vez.
Pensó en la situación de Rosana y Dionisio, y suspiró sin saber qué pasaría cuando el caso
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llegara a juicio.
No mucho después, Javier regresó y notó que Rosana había terminado su té.
Pero Sara ni lo había tocado. Javier le preguntó:
-¿Por qué no lo tomaste?
-Sabe horrible, no puedo tragarlo.
Sara vio que Javier miraba la taza vacía de Rosana.
-Rosana está sufriendo por un desamor. En ese estado, puede beber cualquier cosa. Yo también podría hacerlo si estuviera así.
Javier se sentó frente a ella.
-¿Por qué? ¿Acaso tú también has tenido un desamor?
Sara bajó la mirada.
-Por un tipo infiel.
Javier apretó los dientes.
-¿A quién insultas?
-A quien le quede la pedrada.
Javier se quedó callado, sintiéndose un poco culpable. Tomó la taza de Sara y le añadió azúcar. -Prueba ahora, ¿está dulce?
Sara bebió un sorbo y, aunque estaba dulce, solo dijo:
-Digamos que ya no sabe tan mal.
Después de terminar el té, Sara hizo una llamada.
-¿Conoces algún buen abogado que maneje casos penales? El dinero no es problema, pero necesito que tome un caso de inmediato.
Javier la observó.
-¿Para qué necesitas un abogado?
-No es para mí, es Rosana quien necesita cambiar de abogado.
Al escuchar esto, Javier le envió un mensaje a Óscar informándole de la situación. Después de todo, después de que le extorsionaran con el carro caro, al menos tenía que hacerle el favor.
Al día siguiente, Rosana recibió noticias de un abogado a través de Sara.
-Ese abogado es discípulo de Jorge. Tiene su propio despacho y no trabaja para la familia Jurado como Jorge. Es un tipo con mucha personalidad. Convencerlo de que tome el caso
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depende de ti.
Rosana estaba nerviosa.
-¿Es su discípulo? ¿No será problemático?
-No te preocupes, él es bueno y no se venderá fácilmente. Si lo hiciera, estaría trabajando con la familia Jurado y no por su cuenta. Tiene fama de haber molestado a muchos ricos por su
carácter, pero es muy capaz.
Rosana lo comprendió.
Fue al despacho y conoció al famoso discípulo de Jorge.
El abogado vestía un elegante traje oscuro, con gafas de montura dorada, y su presencia irradiaba profesionalismo.
Además, era bastante atractivo.
Él la miró con una mirada aguda.
-¿Eres la novia de Dionisio?
Rosana se sorprendió.
-¿Eh?
¿Por qué sentía que él tenía algo en su contra?
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