Capítulo 952
-No hace falta complicarse tanto, en verdad no es necesario.
Rosana miró a Dionisio con firmeza:
-Buscaré otro abogado. No hace falta que molestes al abogado de la familia Jurado.
-En estos momentos, no te pongas a hacer tonterías.
Dionisio frunció el ceño casi sin darse cuenta.
Rosana lo observó con una chispa de burla en los ojos:
-No estoy haciendo tonterías, estoy muy lúcida. Si no, en el juicio nos jugarían una mala pasada y la familia Lines no tendría oportunidad.
-¿En serio piensas que soy ese tipo de persona?
-¿Acaso no me has estado engañando todo este tiempo?
Rosana lo enfrentó sin titubear, hasta que él bajó la mirada, incapaz de sostenerle la vista.
Luego, Rosana se dirigió a Jorge:
-Voy a organizar que un abogado se comunique con usted para el traspaso del caso. Le agradezco por lo anterior, pero espero que mantenga la ética profesional básica.
Jorge suspiró:
-Srta. Lines, si no se siente segura, podemos firmar un acuerdo de confidencialidad.
-De acuerdo.
Rosana sabía que ese acuerdo de confidencialidad no tendría mucho efecto, pero al menos le daba un poco de tranquilidad.
Después de hablar, se giró y se fue, sin darle a Dionisio ni una última mirada.
Los ojos de Dionisio siguieron su figura hasta que desapareció de su campo de visión.
Jorge soltó otro suspiro:
-Sr. Jurado, ¿cómo piensas manejar esta situación?
Era evidente que la Srta. Lines no estaba dispuesta a aceptar su ayuda.
Pero, si él asumía el caso de la familia Lines, era natural que ellos sospecharan, y con razón. Dionisio guardó silencio por un momento antes de entrar a la pequeña sala de interrogatorios. Afuera, Rosana salió, tratando de sacarse de la cabeza la imagen de Dionisio.
Miró la hora y decidió que era buen momento para comprar un carro, lo que le facilitaría las
cosas.
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Capitulo 952
En ese momento, Sara le llamó:
-¿Dónde estás?
-Acabo de salir de la estación de policía, voy a un concesionario a comprar un carro.
-Voy a buscarte entonces.
Rosana lo pensó un momento y no se negó, además tenía algo que confirmar con Sara.
La noche anterior, alguien de la familia Lines le habló sobre un asunto de la familia Jurado, pero Rosana no confiaba del todo en ellos y quería confirmarlo con Sara.
Rosana le preguntó a Sara por una buena tienda y decidió ir a echar un vistazo.
Cuando llegó al concesionario, se dio cuenta de que estaba lleno de carros de lujo, parecían
costosos.
Ella solo quería comprar un carro todo terreno para moverse, no había pensado en uno de lujo.
-¡Vaya, si es Rosana! ¿Vienes a comprar un carro?
Melvin, al verla, abandonó a la chica que lo acompañaba y se acercó a Rosana:
-¿Cuál te gusta? Yo te lo compro.
Rosana ignoró a Melvin y entró al lugar.
Melvin la siguió:
-No seas tan distante, al principio quien me gustaba eras tú, no Leonor. Luego, como no me hiciste caso, me lié con Leonor solo para molestarte.
Rosana no se inmutó:
-Ni te miro, Melvin.
Melvin rechinó los dientes de frustración:
-Pero tú te fijas en el de la familia Jurado, y él no te voltea a ver.
El rostro de Rosana se tornó serio, lo miró fijamente:
-¡Lárgate!
Melvin, aunque molesto, no se movió:
-¿Qué carro quieres? Te lo regalo.
-¿De veras?
Melvin alzó el mentón:
-Claro que sí.
Rosana señaló el auto deportivo más caro del lugar:
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-Pues, me sacrifico y acepto ese.
Al ver el carro que Rosana señalaba, a Melvin se le descompuso la cara:
-Rosana, no exageres. Yo también quería ese carro, pero ni yo puedo comprarlo.
Rosana chasqueó la lengua:
-Si no puedes, no te pongas a presumir.
Melvin replicó:
-Como si tú pudieras comprarlo.
-Pero yo no ando presumiendo de algo que no puedo.
Rosana lo criticó sin contemplaciones.
En ese momento, Sara llegó acompañada de Javier.
Rosana tomó a Sara del brazo:
-¿Qué opinas de esa camioneta?
Sara asintió:
-Está buena.
Javier miró el auto deportivo y le tomó una foto para enviársela a Dionisio:
[Este carro está genial.]
Dionisio contestó:
[¿?]
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