Capítulo 941
Dionisio sabía que, una vez que se fuera, no habría vuelta atrás.
Rosana notó el semblante del tipo y bajó la mirada, evitando verlo.
Uno miraba con ansias, el otro se mantenía terco con la cabeza gacha.
Ambos se mantenían en ese tira y afloja, sin que ninguno cediera.
Dionisio sintió un cosquilleo en la garganta. No quería parecer débil ante Rosana, así que se levantó de golpe y se fue sin mirar atrás.
Al ver que él se daba la vuelta y se marchaba, la mirada de Rosana se apagó notablemente.
Era como pensaba, si no le daba la razón, él se largaba.
Ahora Dionisio ya no necesitaba fingir frente a ella, ni seguir actuando.
Rosana esbozó una sonrisa irónica, llena de desdén.
“Maldito tipo, más te vale que no te vuelva a ver en la vida“.
Afuera, Dionisio salió del apartamento a toda prisa, ni siquiera se detuvo a ponerse los
zapatos.
Estuvo tosiendo violentamente durante un buen rato, encogido junto a la puerta.
Dionisio se dejó caer con torpeza en el suelo, mirando hacia la puerta con los párpados caídos, derrotado como un perro sin hogar.
No pasó mucho tiempo antes de que se abrieran las puertas del elevador y un empleado de limpieza saliera a hacer su trabajo.
Al ver a un sujeto grande sentado en la entrada, el empleado se llevó un buen susto.
Cuando terminó de limpiar, se acercó con cuidado y le habló: -Disculpe, señor, ¿está bien?
Pero el tipo parecía no haberlo escuchado, permanecía inmóvil en la puerta, con un aire sombrío que lo hacía ver poco amigable.
El empleado de limpieza tomó el elevador y al bajar, reportó la situación al gerente de mantenimiento: [“En el piso 16 del edificio 3, hay un tipo sentado en la puerta, no responde cuando se le habla, parece que no es alguien con quien se pueda tratar fácil. ¿No será que está molestando a los residentes?“]
El gerente de mantenimiento respondió: [“Déjame llamar al dueño para averiguarlo“.]
Después de todo, el edificio era un complejo de lujo, y cualquier problema de seguridad recaería sobre ellos.
Poco después, Rosana fue despertada por el timbre del teléfono.
Al ver el número desconocido, contestó con un poco de recelo.
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-Hola, Srta. Rosana, soy del mantenimiento del edificio,
-Ah, ¿qué pasa?
-Verá, el personal de limpieza reportó que hay un hombre sentado en su puerta. ¿Es alguien que usted conozca? Si se trata de alguien que la está acosando, podemos enviar al personal de seguridad de inmediato.
Rosana se quedó un poco perpleja. ¿Había alguien en su puerta?
¿Podría ser Dionisio?
No estaba segura.
-¿Cómo va vestido?
-Camisa negra, pantalones negros, tiene pinta de no ser alguien de fiar.
Rosana se quedó en silencio. Dionisio había llegado vestido de negro, pero ¿qué expresión tendría para que el empleado pensara que era un problema?
Él tenía un rostro apuesto, con esa carita debería ser considerado un buen tipo.
-Voy a echar un vistazo,
No podía asegurar al cien por ciento que fuera Dionisio.
Rosana abrió la puerta y, efectivamente, ahí estaba el tipo sentado en el suelo, sus largas piernas bloqueando por completo la entrada.
Era Dionisio.
¿No se había ido?
-Dionisio, ¿qué haces ahí afuera?
Él conocía la clave del apartamento, no había necesidad de quedarse afuera.
Pero Dionisio no se movió, como si no hubiera oído nada.
Rosana se agachó y vío que tenía los ojos cerrados, parecía dormido, pero notó que su cara no tenía buena pinta.
Le tocó la frente y estaba ardiendo.
¿También estaba enfermo?
En eso llegó el gerente de mantenimiento con su equipo: -Señorita Rosana, ¿necesita ayuda?
-Él es alguien que conozco, ayúdenme a meterlo.
No podía dejar a Dionisio tirado fuera. Este tipo, rodeado de gente, pero aquí solo, en su puerta.
¿Era una táctica para dar pena?
Al acercarse, el gerente notó que el hombre era muy atractivo y vestía como alguien adinerado.
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Seguro que era un pleito de pareja.
Ese hombre tan guapo, incluso pensó haberlo visto antes en el edificio.
El gerente y el personal de seguridad ayudaron a Dionisio a llegar al sofá.
-Gracias, lo aprecio mucho -dijo Rosana.
El gerente y el personal se retiraron del lugar.
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