Capítulo 935
Sara escuchó esas palabras y de repente su cara se puso como tomate.
Un poco molesta, dijo: -¿A estas alturas y todavía haces ese tipo de bromas?
Javier la miró con picardía: -La amistad entre ustedes las chicas es bastante curiosa.
-No te andes con rodeos, habla en serio. ¿Fuiste anoche o no?
-Sí, fui.
Javier no tenía razón para mentir sobre eso: -No hay mucho de qué preocuparse.
-¿Entonces por qué no ha venido a buscar a Rosana?
-Ese cuate está enfermo, está en el hospital.
Sara se sorprendió al escuchar esto: -¿De verdad? ¿No decían que la señora Jurado estaba enferma?
-Es otra cosa, el clima ha cambiado muy rápido últimamente, hay una epidemia de gripe.
Javier puso el desayuno sobre la mesa: -Ve a llamar a tu amiga para que desayune.
Sara se dio la vuelta y fue a buscar a Rosana.
Javier observó la espalda de Sara y recordó a Dionisio, a quien vio la noche anterior. Una expresión pensativa pasó por sus ojos antes de agachar la cabeza para terminar de preparar el desayuno.
Por otro lado, Sara llegó al dormitorio principal: -¿Rosana, te sientes mejor?
-Mucho mejor.
Rosana ya estaba despierta, probablemente porque había tomado medicina para la fiebre y se sentía mucho mejor ahora.
Se incorporó en la cama: -Gracias por cuidarme.
-No es nada, es lo que se hace. Pero quien cocinó fue Javier, no yo.
Sara añadió, mirando a Rosana con curiosidad: -¿Qué pasó entre tú y Dionisio? ¿Puedes
contármelo?
La sonrisa de Rosana desapareció al instante.
Sara rápidamente cambió de tema: -Si no quieres hablar de eso, no lo hagas. Pero anoche le pedí a Javier que fuera a ver qué pasa con la familia Jurado. Si no quieres mencionar a Dionisio, está bien.
Rosana miró a Sara: -¿Qué pasa por allá?
Dionisio no se había puesto en contacto con ella.
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Capitulo 935
Sara respondió: -Está enfermo.
Rosana miró sorprendida: -¿Enfermo?
¿Esa era la razón?
Sara asintió: -Eso dijo Javier, creo que también le dio gripe, como a ti.
Una chispa de ironía brilló en los ojos de Rosana: -Si solo fuera un resfriado, no costaría nada mandar un mensaje.
-Sí, desde ayer no te ha contactado, ¿verdad?
Rosana negó con la cabeza.
Sara pensó que algo debía estar pasando, de lo contrario Rosana no estaría tan afectada por la falta de contacto de Dionisio.
Pero como Rosana no quería hablar del tema, Sara no insistió.
Sara dijo: -Ya es tarde, deberías levantarte a comer algo y luego tomar más medicina. El clima cambia rápidamente y es fácil resfriarse.
Rosana se cambió de ropa y salió, sintiéndose incómoda al dejar que les trajeran la comida a la
cama.
Javier seguía en silencio, sin siquiera mirar a Rosana.
Eso hizo que Rosana se sintiera un poco más cómoda mientras se sentaba a comer.
Sara miró a Rosana, sin decir nada.
Después de desayunar, Rosana dijo a Sara: -Voy a pedir permiso esta tarde, no tienen que preocuparse por mí.
-Te traemos algo de comer más tarde.
Sara seguía preocupada, pero sabía que Rosana necesitaba tiempo a solas para pensar.
Rosana levantó la vista hacia Javier: -Gracias a los dos.
Javier asintió, sin decir nada.
Rosana regresó a su habitación.
Sara esperó a que Javier terminara de recoger y ambos salieron juntos del apartamento.
Ella miró a Javier: -Dile a Dionisio que Rosana está enferma, ¿cómo es que no viene a verla?
Javier le echó un vistazo a Sara, pero no respondió.
Sara apretó los dientes, jaló a Javier y se puso de puntillas para darle un beso.
Pero él no se inclinó mucho, así que solo pudo besarle la barbilla.
La cara de Sara volvió a ponerse roja como un tomate, Javier sonrió y le acarició la cabeza:
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-Le preguntaré luego.
Sara bajó la cabeza sin decir nada más.
Durante todo el camino, Sara se mantuvo en silencio, incómoda.
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