Capítulo 931
Rosana abrió el cuadro de diálogo y lo miró durante un buen rato, pero no envió ningún
mensaje.
Dionisio había dicho que estaba en el hospital, y como no había venido, Rosana pensó que tal vez la situación con la señora Jurado no andaba bien.
Su mente estaba hecha un desastre, y no podía encontrar la calma.
Ahora solo quería estar sola.
Yolanda, a su lado, estaba preocupada, sin saber qué decir, ya que cuando uno es ajeno a la situación, hablar solo empeora las cosas.
Solo el señor Jurado podía aclararlo todo.
Pero él no estaba allí, lo que complicaba aún más las cosas.
Cuando el carro llegó al apartamento, Rosana bajó sola.
No quería compañía, ni siquiera volvió al dormitorio.
Al entrar al apartamento, al ir a la cocina por un vaso de agua, los recuerdos de lo que había pasado allí la golpearon, dejándola con un sentimiento muy amargo.
La dulzura de aquel tipo en su memoria era tan vívida como siempre.
Lo que en su momento fue un sueño, ahora era una pesadilla.
Rosana regresó al dormitorio y al ver el pijama de aquel tipo, respiró hondo y lo guardó en el armario.
Se tumbó en la cama, con la mente hecha un nudo.
Cerró los ojos, y las palabras de Leonor resonaron en su cabeza.
Dionisio se había acercado a ella intencionadamente desde el principio.
Nunca había sentido nada por ella.
Solo quería usar sus sentimientos para liberar a la señora Jurado de culpa.
Rosana sintió que había vivido un sueño absurdo, en el que Dionisio admitía todo.
Incluso le imponía condiciones, pidiéndole que no responsabilizara a la señora Jurado.
En el sueño, Rosana lloraba amargamente, agarrando la mano de Dionisio y preguntándole si alguna vez la había querido.
Pero Dionisio solo la miraba en silencio, sin decir una palabra.
Rosana se sentía triste y desesperada.
Cuando despertó, su cara estaba empapada en lágrimas.
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Se quedó en la cama, viendo la oscuridad afuera, con la cabeza aún aturdida.
Se sentía fisicamente agotada, tal vez porque se había resfriado al dormir sin cobija.
Se acercó a la ventana del dormitorio, sintiendo el fresco del exterior, notando que el verano se había ido.
El otoño había llegado.
Cerró la ventana, se arropó con una manta gruesa y miró su teléfono.
Tenía varias llamadas perdidas y mensajes sin leer.
Su corazón dio un vuelco. ¿Habría alguna llamada de Dionisio?
Pero al revisar, vio que eran solo llamadas de Sara y sus mensajes, preguntándole dónde
estaba.
No había ni una llamada ni un mensaje de Dionisio.
Rosana esbozó una sonrisa amarga. ¿Así que Dionisio realmente había terminado de usarla y ya no quería contactarla?
Pensó un momento y respondió a Sara: “Estoy en el apartamento, no voy a regresar esta noche“.
Sara llamó rápidamente, con un tono de preocupación: “¿Qué pasa? ¿No salió bien en la comisaría?”
“No, todo salió bien“.
La voz de Rosana sonaba apagada, y Sara notó la preocupación: “¿Qué te sucede realmente? Voy a verte“.
“No hace falta, solo tengo un resfriado“.
Rosana no quería preocupar a Sara, sabiendo que todavía había un montón de cosas que resolver con la familia Chavira.
No tenía ánimos para charlar, así que tras unas pocas palabras, colgó el teléfono.
Miró su celular. ¿Dionisio realmente no pensaba explicarse?
Dionisio sabía que Leonor lo diría, y había planeado que ella descubriera la verdad a través de Leonor.
Ni siquiera tenía el valor de explicarse cara a cara.
¿Era por sentirse culpable o por miedo?
Cuanto más lo pensaba, más se enfurecía. ¡Dionisio, maldito seas!
Rosana continuó en la cama, sin fuerzas, sin ganas de levantarse o de comer.
Pero Sara, preocupada, regresó al apartamento.
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17.04
Al ver los zapatos en la entrada, supo que Rosana seguía allí.
Sara miró a Javier: “Probablemente no ha comido, ¿puedes preparar algo?”
Javier entrecerró los ojos: “Voy a ver en la cocina, seguro que aún queda algo de las compras anteriores“.
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