Capítulo 913
Sara sintió un escalofrío recorrer su cuerpo y no pudo evitar soltar un grito.
-¿Gritas tan fuerte y no te da miedo que nos descubran? -rió Javier en voz baja.
Sara cerró la boca con fuerza, sintiendo cómo la mano en su espalda se movía.
Trató de detener su brazo, pero era tan fuerte como el hierro, y no pudo hacer nada.
Javier, con todos los músculos tensos, apenas notó la resistencia de Sara; para él, era como si le hiciera cosquillas. Esa pequeña rebelión solo avivó el fuego dentro de él.
Se inclino y la besó, algo que había querido hacer desde hacía mucho tiempo.
Sara intentó empujarlo un par de veces sin éxito. La mano que antes estaba en su espalda se deslizó hacia adelante, y eso la hizo olvidarse de resistir.
Al final, no pudo apartarlo y terminó siendo arrinconada contra la puerta, sometida por un
momento.
Javier se detuvo justo antes de perder el control, manteniendo su mano en la cintura de Sara, y preguntó con voz ronca:
-¿Todavía piensas ir a esas citas?
Él había regresado solo por Sara.
Al principio, solo quería asegurarse de que estuviera a salvo. Pero conforme pasaba el tiempo juntos, ya no podía controlar lo que sentía.
Ahora que sabía que Sara todavía sentía algo por él, y sin nada que lo detuviera, no quería seguir reprimiéndose.
Sin embargo, esta chica ya no era tan dócil como antes, y hasta se atrevía a pincharlo de vez
en cuando.
Sara bajó la mirada ante la pregunta:
-Antes decía que iría a las citas y tú no decías nada.
Javier recordó esos tiempos. En aquel entonces, la diferencia entre ellos era tan grande que no se sentía con derecho a impedirlo.
-Eso fue antes, cuando era un tonto y me importaba demasiado el orgullo. No quería que pensaran que vivía a costa de alguien más -dijo él.
Después de las humillaciones de Ángela, había perdido la confianza en lo que tenían y no se atrevía a romper el hielo entre ellos.
Sara se quedó mirándolo, sorprendida por su sinceridad. Nunca imaginó que él respondería a
eso.
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Javier la miró fijamente:
-Ahora me importa menos, y entiendo que Ángela decía esas cosas solo para controlarte. Si estás conmigo, ya no podrán manipularte.
Sara escuchó y sintió un poco de tristeza.
-Ahora que lo entiendes, ¿de qué sirve? Eso ya es cosa del pasado, y yo no soy la misma Sara
de antes.
-Es cierto, has cambiado mucho -dijo él, bajando la mirada y besándola a través de la ropa, lo que hizo que Sara sintiera el calor.
Con el rostro sonrojado, Sara dijo:
-Suéltame.
-No te suelto hasta que me respondas. ¿Vas a seguir yendo?
Al escuchar de nuevo la pregunta, Sara sabía que él quería un compromiso.
En otro tiempo, habría respondido emocionada, ya que él era el tipo al que siempre había
querido.
Pero ahora, las palabras de Marina le venían a la cabeza.
No podía dejar que un tipo la manejara a su antojo.
Recordaba cómo había ido a buscar a Javier y cómo, después de un intento fallido de
confesión, volvió avergonzada.
Era hora de que él también supiera lo que se siente estar así.
-¿Estás dudando? -preguntó Javier, entrecerrando los ojos.
Sara finalmente se atrevió a mirarlo:
-¿Por qué no podría dudar? Antes me gustabas, pero después de que me rechazaras, lo superé.
El corazón de Javier comenzó a latir con fuerza:
-¿Superaste qué?
-Que cambiando de amor rápido, no hay tristeza, solo cariño.
Apenas terminó de hablar, Javier la lanzó sobre la cama. Antes de que pudiera reaccionar, su cuerpo, como una torre, la atrapó sin darle oportunidad de moverse.
Ver a Javier enojado alegró a Sara un poco.
-Pero si te portas bien -dijo ella, volviendo la cabeza-, quizás considere no ir a las citas.
Javier se quedó en silencio.
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La miró intensamente, luego se levantó y se quitó la camisa con una sola mano, dejando al descubierto su pecho fuerte y marcado.
Sara, al ver sus abdominales y la línea de sus músculos, sintió su corazón acelerarse.
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