Capítulo 910
Benito dio un par de pasos y, sorprendentemente, aunque la herida original le incomodaba un poco, se sentía bastante cómodo. Justo en el momento en que levantó la vista hacia Rosana, ella se volteó hacia los periodistas.
-Vengan todos a ver -dijo Rosana-. Los productos de nuestra empresa son diferentes a los del Grupo Lines, hemos hecho muchos ajustes en los detalles. Queríamos que alguien lo demostrara, y ahora se nos presenta la oportunidad perfecta.
Los periodistas se acercaron de nuevo, y Rosana comenzó a presentarles el producto.
Alonso, que observaba desde un costado, estaba furioso. ¿Qué estaba haciendo ese tonto de Benito? Leonor, al notar cómo los reporteros elogiaban a Rosana, tampoco se sentía a gusto.
-Alonso, ¿te das cuenta de que Rosana está usando a Benito?
Alonso estaba a punto de intervenir, pero Julio lo detuvo.
-Alonso–dijo Julio con expresión seria-, ¿acaso tú no has estado usando a Rosana también? Hace un rato dijiste a los periodistas que todos eran una sola familia, y ahora quieres llevarte a Benito, ¿no te das cuenta de que te contradices?
Las palabras de Julio hicieron que Alonso se quedara paralizado, incapaz de dar un paso más.
-¿Te sientes traicionado por Rosana? -continuó Julio en voz baja-. Pero tú fuiste quien empezó todo esto.
Alonso soltó un resoplido.
-¿Acaso no sabes cómo está la situación del Grupo Lines?
-¿Y este resultado es lo que querías?
Alonso permaneció en silencio. Claro que no era lo que esperaba; nadie pensó que Rosana resultaría ser un hueso tan duro de roer.
-Alonso, te lo dije antes, Rosana ya no es esa hermana que dependía de nosotros.
-¿Quieres que le pida ayuda?
-Hablar con tu hermana no debería darte vergüenza.
Alonso guardó silencio, sin saber qué responder. Leonor, que estaba a su lado, intervino:
-Julio, aunque defiendas a Rosana, ella no va a ayudar al Grupo Lines.
-¡Cállate! Nuestra relación con Rosana terminó así por tu culpa.
Julio sentía un profundo rencor hacia Leonor.
-No es mi culpa que sean unos inútiles -replicó Leonor con desdén-. Si me trataron bien a
mí, también podrían haber tratado bien a Rosana. Son ustedes quienes la pisotearon, no yo.
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El rostro de Julio se contrajo de ira. Si no fuera porque aún necesitaba a Leonor, ya la habría echado.
Leonor no se molestaba en ocultar su desprecio hacia la familia Lines. Ya no podía fingir más; estaba agotada de hacerlo.
Mientras tanto, Rosana terminó de presentar el nuevo producto a los periodistas.
-Este es el nuevo producto de la Empresa del Arce. Aunque aún no es completamente inteligente, ya estamos trabajando en la segunda generación.
Rosana se desplazó para mostrar a los reporteros el producto de la segunda generación.
Los miembros de la familia Lines quedaron relegados, ignorados por completo.
Dionisio miraba a la familia Lines con una expresión gélida.
-¿Deberíamos echarlos? -preguntó Óscar.
-No hace falta -respondió Dionisio-. Dejarlos aquí sirve como comparación, y nos ahorra bastante en publicidad.
-Tienes razón. El Grupo Lines invirtió mucho en publicidad, pero ahora Benito, con nuestra prótesis, es una promoción andante.
Óscar se reía.
-Rosita es un genio.
La jugada de Rosana había sorprendido a todos.
Dionisio esbozó una ligera sonrisa.
-Nadie es mejor que ella.
-Ay, no, qué empalagoso -bromeó Óscar mientras se dirigía hacia Rosana.
Dionisio se quedó en su lugar, observando a Rosana, que lucía segura y radiante. Le encantaba
ver a Rosana así.
Sin embargo, justo en ese momento, Julio se acercó.
-Señor Jurado, ¿podemos hablar un momento? Es sobre Rosana.
Dionisio lo miró con frialdad.
-¿Qué es lo que quieres decir?
-¿Te casarías con Rosana?
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