Capítulo 894
-Sara bajó la mirada sin decir nada, pero parecía que esa era la única opción.
Rosana echó un vistazo a Dionisio. ¿Acaso ese tipo no tenía un montón de propiedades?
Antes de que pudiera decir algo, Dionisio le tomó la mano con decisión.
-Está bien, así está perfecto. Lo mejor es que Sara no esté sola por ahora.
Rosana reflexionó y, la verdad, tenía sentido. ¿Dejar a Sara sola con Javier? Viendo la expresión de Sara, era obvio que no estaba dispuesta.
Finalmente, Rosana no dijo nada más y los cuatro regresaron a su departamento.
Rosana nunca se imaginó que un día su departamento estaría tan lleno.
-Aquí solo estamos nosotros cuatro, así que ponte cómodo le dijo a Javier.
Javier miró alrededor del lugar.
-¿Puedo echar un vistazo?
-Claro, adelante.
Rosana sabía que era un hábito profesional de Javier y no le dio importancia.
Llevó a Dionisio aparte y le comentó:
-Es probable que Javier no tenga ropa limpia. Haz que alguien le traiga algo.
-¿Te preocupa mucho, verdad? -Dionisio respondió en un tono medio celoso.
Rosana le pellizcó la cintura y le susurró:
-¿Y tú con tantas casas, insistes en apretujarte aquí?
Dionisio se quejó de dolor y atrapó la mano de Rosana.
-¿Y dejar a Sara y Javier solos? ¿Estás loca?
Rosana entendió el trasfondo de sus palabras y rápidamente descartó la idea.
Dionisio pensó que si se mudaban a una casa más grande, ¿cómo iba a compartir habitación con Rosana?
Rosana fue al cuarto de Sara para conocer su opinión.
Dionisio, al ver a Javier en el balcón, se acercó.
-Te va a tocar dormir en el sofá, compa.
-No tengo problema, mientras ustedes no se molesten.
1/3
-Para nada. Si no duermes tú, ¿quién lo hará?
Javier entendió el mensaje implícito.
-¿Todavía no la conquistas?
-Sigo en proceso, pero voy más rápido que tú. La otra sigue enojada contigo, así que cuidate.
Javier entrecerró los ojos.
-Eso no está escrito.
-¿Te atreves a apostar? -Dionisio lo retó.
-Vale, si pierdes, me das el carro que manejaste hoy.
Dionisio apretó los dientes.
-No te vas por las ramas, ¿eh? ¿Tan pobre estás? ¿Regresas y ya le echaste el ojo a mi carro? Te digo, no vas a tener chance.
Ambos platicaron un rato, y cuando Dionisio vio que Rosana salía del cuarto de Sara, se escabulló hacia la habitación principal detrás de ella.
-¿Hoy sí volverás a tu casa? -preguntó Rosana.
-¿Y dejarlos sin seguridad?
-Con un mercenario de primera aquí, no creo que haya problemas.
Dionisio la miró con un poco de frustración.
-Él está para cuidar a Sara, no eres tan importante. Además, ¿me estás ignorando?
Rosana soltó una risa y se colgó de su brazo.
-Todavía no me cuentas qué pasó entre Sara y Javier. Lo prometiste esta mañana.
Dionisio miró sus labios.
-Lo sé.
-Entonces, ¡cuéntame! -insistió Rosana, notando su mirada, dio unos pasos atrás-. Hablemos en el sillón pequeño.
Dionisio miró el sofá junto a la ventana. Bueno, mejor eso que ser echado.
Llegó la medianoche.
Sara no podía dormir. Necesitaba ir al baño, quizá por todo el refresco que había tomado.
Pero la idea de que Javier estuviera afuera la detenía.
Cuanto más lo pensaba, más incontrolable se volvía la necesidad. Finalmente, abrió la puerta
con cuidado y echó un vistazo al hombre dormido en el sofá.
213
20:36
Capitulo 894
¿Estaría dormido?
Conteniendo la respiración, se dirigió al baño sin prender la luz. Pero al entrar, chocó con la
puerta.
Sara se llevó la mano a la frente con dolor y dejó escapar un grito, cuando de repente unos brazos fuertes la sujetaron, y una voz masculina se dejó oír.
-¿Andas de ladrona a medianoche?
3/3

